¿Qué debo hacer para ser salvo?

Arrepentíos y creed.

Todos podemos ser libres del pecado por el sacrificio de Jesús; sin embargo, debemos tener un verdadero arrepentimiento y vivir una vida conforme a Cristo.

1. El verdadero arrepentimiento

Todo pecador debe arrepentirse de sus maldades para acercarse a Dios y ser cambiado. Para Dios existe un verdadero arrepentimiento y es necesario para ir a Él.

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2. El pecado puede ser quitado

¿Quién peca es libre? El Evangelio nos da evidencia de que quien peca es esclavo y de que Dios mira el pecado que los hombres cometen y lo aborrece. Sin embargo, el pecado puede ser quitado de nuestras vidas y es necesario que sea quitado para agradar a Dios.

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3. El pecado tiene fin

Aunque seguimos siendo humanos, ya no tenemos por qué pecar más, pues Cristo mismo lo demanda de quien quiere seguirle. Lo único infinito es el Señor, de donde se puede deducir que el pecado tiene fin; ese fin se llama Jesús, quien vino para quitar el pecado del mundo. 

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4. Jesús no cubre el pecado, sino que lo quita

¿Qué es lo que Jesús nos ha llamado a creer?: ¿que seré salvo pecando? ¡De ninguna manera! Si bien en el pasado el pecado se cubría con sacrificios; Cristo es el sacrificio perfecto, que quita el pecado de quienes de todo corazón aborrecen pecar, como Él lo aborrece.

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5. Jesús vino a quitar el pecado de mi vida

Un día cada hombre empezó a pecar y se hizo esclavo del pecado y por tanto, murió para el Señor. Dios prometió que quitaría el pecado del mundo en un día, que lo retiraría; por ello en Cristo volvemos a la vida, porque Él quita el pecado de quien se arrepiente y conoce la Verdad. 

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6. No basta la fe para ser salvo

La fe sola no basta para ser salvo. Si preguntáramos a casi cualquier hombre malo, nos diría que cree que Dios existe, pero eso no lo salvaría. Inclusive de la fe, la esperanza y el amor, Pablo no dice que el mayor de ellos sea la fe. ¿Qué hay que añadir a la fe? 

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7. En Jesús puedo ser libre del pecado

La gracia es renunciar a la impiedad, a los deseos mundanos y vivir justa, sobria y piadosamente, ¡sin pecado! La gracia no es ocasión para el pecado, sino para las buenas obras, fruto del arrepentimiento genuino.

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8. Jesús me libera de la maldad que me lleva a pecar

No hay justificación para que el pecado reine en este cuerpo mortal, ni para seguir presentando el cuerpo al pecado. Estar bajo la gracia quiere decir que el pecado ya no domina a quien se ha convertido; de ahí que no pueda pecar, porque ya no hay maldad en él. 

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9. Jesús me hace siervo de la justicia

Quien es nacido de Dios por Jesús es libertado del pecado, hecho siervo de Dios, santificado y tiene como fruto la vida eterna. Ahora vive para obras de justicia, pues está muerto a la carne y sus deseos.

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10. Jesús me salva del pecado

Cristo nació para ser sacrificado y quemado, cumpliendo cada una de las profecías sobre su primera venida, y con aquel sacrificio vivificando a todos los que quieren ser salvos del pecado. Jesús solo murió por mis pecados pasados; no por los presentes, ni futuros. 

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11. La ley del Espíritu me libra de la ley del pecado

¿Qué es lo que debemos creer del Evangelio para ser salvos? La ley del pecado nos obligaba a pecar y producía muerte. Cristo nos liberta de ella, cambiándonos el corazón y poniendo en nosotros su Espíritu para no pecar nuevamente jamás; ésta es la ley del Espíritu. 

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12. El cuerpo de pecado es destruido por Jesús

Lo que realmente todo hombre y mujer necesita es que Cristo circuncide su corazón. El nuevo nacimiento consiste en que ese corazón viejo y pecador que les hacía pecar sea echado fuera de ellos por Jesús, para que vivan una vida santa y agradable a Dios.  

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13. Morir al pecado una vez por todas

No se puede morir al pecado y perseverar en él. Cristo murió para que nunca más volvamos a pecar. ¡Su sacrificio nos hace libres del pecado!, pues el cuerpo pecaminoso fue crucificado en la cruz. 

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