¿Se pierde la salvación?

La salvación se habla en la Biblia como una promesa de parte de Dios para aquellos que lleguen en victoria hasta el fin. Por eso Dios nos manda a cuidar nuestra salvación con temor y temblor. Si nos manda a cuidarla es porque se puede perder la promesa de la salvación.

1. Un cristiano puede tropezar y perderse

Lo que tenemos, mientras estamos en esta tierra, es una PROMESA de salvación, no una certeza de que ya estamos salvos. Como promesa puede perderse, de lo que la Palabra nos da evidencia: "Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió" (1 Co 8:11).                                                                               

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2. El cristiano que no se esfuerza, no entrará

"Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a diestra ni a siniestra" (Jos. 23:6). Claramente, el esfuerzo del que hablaba Moisés no era contra los enemigos físicamente, sino era un esfuerzo por guardarse de no mezclarse con las naciones extranjeras en su maldad. 

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3. Solo los dignos alcanzarán la salvación

Los dignos lo son porque oran al Señor para no caer y viven en obediencia. Pablo ora así por los tesalonicenses: "Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento" (2 Tes 1:11). Si así lo hace es porque es necesario ser dignos.                                                                        

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4. Podemos trabajar en vano

 

¡Podemos trabajar en vano! y Pablo lo demuestra: "Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano". (1 Tes. 3:5) Hay que ser muy valiente para ser bueno.               

 

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5. Podemos trabajar en vano - 2

 

Quien en Cristo espera solo para que lo auxilie mientras está en esta tierra, se engaña, pues “si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. (1 Co. 15:19) Lo esperamos para la salvación de nuestra alma. De ahí la continua preocupación de Pablo porque temía que quienes había evangelizado se desviaran.

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6. Podemos trabajar en vano - 3 - Los que se apartan

Los edificadores (quienes enseñan la Palabra) pueden destruir el templo que somos cada uno de nosotros, como vemos en esta cita: “¿no sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. (1 Co. 3:16-17)

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7. Los edificadores pueden perderse

Quien enseña la Palabra de Dios tiene mayor responsabilidad delante de Dios: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (San. 3:1), porque si un edificador se pierde, llevará consigo a las ovejas.

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