Nuevo nacimiento

Jesús dejó claro que la única manera de ver y entrar en el reino de los cielos es naciendo de nuevo.

01.La importancia de nacer de agua

“Respondió Jesús: … el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn. 3:5). El agua se menciona continuamente en las Escrituras como un elemento fundamental para la vida, por lo que nacer de agua es nacer de Dios, la fuente de agua viva (Jer. 2:13); un requisito imprescindible para ser salvo. Cristo es quien puede dar a beber esa agua a quien venga a Él. (Jn. 4:14).

 

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02. El agua, purificación para el pecador

Así como en el Antiguo Testamento era necesario purificar al pecador de su inmundicia (Núm. 19), la Palabra de Dios nos da evidencia de que hoy solo aquel que nace de agua por Jesús, a quien le fue dado dar el agua viva de Dios, es limpiado de sus pecados pasados. Sin embargo, nacer de agua es solo el primer paso para ver y entrar en el Reino de Dios.

 

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03. Jesús nos lava con agua pura

Los sacerdotes debían lavarse con agua antes de entrar el tabernáculo para que no murieran (Éx 30:20). El Señor en el Nuevo Testamento nos demuestra que es estatuto perpetuo, pues no puede entrar en el reino algún inmundo (Efe. 5:5); para dejar de serlo, debemos ser lavados con agua pura por Jesús: “Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Jn. 13:8). Y también mantenernos a nosotros mismos puros (Heb 10:22).       

                                                 

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04. El sacrificio de Jesús nos purifica

El agua que en el Antiguo Testamento se rociaba para purificar lo inmundo es tipificación de Cristo, quien es la Palabra e hizo la expiación por los pecados de los que vendrían a ser hijos de Dios. El hijo de Dios no peca si por Cristo fue lavado y pasa a practicar obras de justicia.

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05. El agua en el nuevo nacimiento

En Ezequiel 36:25, el Señor dice: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré”. Esa promesa está vigente y se da mientras vivimos para que no pequemos más.

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06. El vestido nuevo

El vestido en la Palabra es una evidencia de la condición espiritual del cada uno (Isa. 14:19, Mal. 2:16, Col. 3:10); por ello el Señor debe cambiar las vestiduras del que vivió en pecado, que son maldición, para cambiarlas por las vestiduras de justicia con que Cristo reviste al que nace de nuevo.                                                                                                                             

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07. La importancia del vestido nuevo

Cuando Dios muda las vestiduras viles de alguien, quiere decir que quitó su pecado. En Mateo 9:16, Jesús deja claro que no es posible estar vestido con obras malas y hacer parecer que vive una vida nueva en Él. El que nace de nuevo, ha nacido del Espíritu y procede en santidad, pues está revestido de Cristo (Rom. 13:14), pues solo así podrá entrar al reino de Dios.  

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