Estudio del libro de hebreos segunda parte

Esta hermosa carta nos habla de una palabra de exhortación al pueblo creyente en Cristo y nos advierte que la salvación se puede perder si...

1. Deslizas, desobedeciendo la voz del Hijo

Deslizar es un sinónimo de extraviarse o perder el camino. Si Israel desobedeció la ley enviada por el Padre a través de los ángeles y recibió su castigo, muriendo en el desierto; sabemos que nosotros tenemos más responsabilidad, pues “en estos postreros tiempos nos ha hablado por el Hijo” (Heb. 1:2).

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2. Te rebelas contra Dios

Dios no olvida las rebeliones y a pesar de que el pecador no muere de inmediato, Él lo castigará en el día del castigo; de lo cual tenemos evidencia en la Palabra: “La paga del pecado es muerte...” (Rom. 6:23). La condición de Dios para ser salvos siempre ha sido obedecer a su ley (Jue. 2:1-4). 

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3. Sigues el ejemplo de Israel

En 1 Corintios 10:1-12 vemos que a pesar de que Pablo habla a un pueblo gentil (no judío), se refiere al pueblo de Israel como “nuestros padres”, dándonos testimonio de que la iglesia de Cristo también puede perder su salvación si peca, así como ellos la perdieron.

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4. Desestimas la Palabra dada por el Hijo

Jesús, el resplandor de la Gloria de Dios, quien sustenta todas las cosas con la Palabra de su poder y se ha sentado a la diestra de las alturas (Heb. 1:3), es mayor que todo ángel, pues fue engendrado de Dios; no su criatura, como lo son los ángeles. Quien desobedece a Jesús, quien con su vida explicó y puso por obra la Ley de Dios, muriendo por quienes habrían de ser hijos, recibirá mayor castigo.

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5. Pecas

La salvación es una promesa, por lo que esperamos tenerla; no la tenemos aún. Para permanecer en la casa de Dios para siempre, debemos permanecer siendo piedras vivas de su casa y mantenernos dentro de ella. La piedra que muere (peca) debe sacarse y desecharse (Lev. 14:34-40).

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6. Pierdo la confianza y la esperanza

¿Cómo nos apartamos de la confianza? pecando, pues el corazón de quien peca se endurece por el engaño del pecado y pierde la esperanza de recibir de Dios recompensa, como Israel, que fue muerto en el desierto (Sal. 106:14-15). Por el contrario, Proverbios 14:26-27 da evidencia de que quien teme a Dios tiene confianza y el temor de Dios le libra de la muerte (eterna).

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7. Endurezco el corazón

Si no estamos bajo la ley, ¿por qué el Nuevo Testamento siempre nos remite al Antiguo? En la advertencia que el Espíritu Santo nos hace en Hebreos acerca de no endurecer el corazón, ejemplifica cómo Israel murió en el desierto por su dureza y por tentar a Dios, pese a haber sido elegidos por Él.

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8. Vago en el corazón

Ser de doble ánimo en cuanto a la fe es algo que disgusta a Dios. Sobre el pueblo de Israel que vagaba en su corazón, juró Dios: “...no entrarán en mi reposo” (Heb. 3:11). Quien verdaderamente ama al Señor, conoce sus caminos y transita siempre por ellos, y quien conoce sus caminos es quien anda en la ley de Dios y guarda sus testimonios. (Sal. 119:1-3)

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9. Soy tardo para oír

El pueblo destinatario de la carta se ha hecho “tardo para oír” (Heb. 5:11) y tiene que volver a los rudimentos de la Palabra de Dios, “debiendo ser ya maestros” (Heb. 5:12). Pablo tenía el mismo temor acerca de los Tesalonicenses (1 Tes. 3:5) de haber trabajado en vano, pues temía que la iglesia hubiese sido tentada. Por ello, ejercitarnos en el discernimiento del bien y del mal es menester para alcanzar la madurez. (Heb. 5:14).

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10. Gusto y recaigo

Muchos creyentes dicen que “gustar” (Heb. 6:4) es ‘probar y escupir a Dios’ y ponen como ejemplo a Agripa (Hec. 26: 24-32), quien en su opinión fue parte de la iglesia, pero nunca fue miembro del cuerpo de Cristo ni creyó a la Palabra. Gustar es saborear por uno mismo, como Jesús, quien gustó la muerte por todos, lo que quiere decir que murió. (Heb. 2:9). De donde entendemos que quien gusta la benignidad del Señor, ha nacido de Él (1 Ped. 2:1-3).

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11. Soy iluminado y recaigo

Los hebreos “después de haber sido iluminados” (Heb. 10:32) padecieron, fueron despojados, vituperados y hechos espectáculo. Esto es evidencia de que entendieron la promesa de Cristo y vivieron por ella, pero están en riesgo de recaer; de lo que dan evidencia los versículos 35 y 36 y la advertencia de Hebreos 6:4, pues hablamos de los mismos destinatarios.

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12. Gusto el don celestial y recaigo

¿Qué es el don celestial? La salvación (Efe. 2:8-10). Nada que hagamos nos haría ser salvos, porque es un don de Dios; esto debido a que si bien tenemos que andar en buenas obras (v. 10), estas son naturales en nosotros, pues son para lo que fuimos creados. Ahora, si queremos ver el cumplimiento de su promesa, que es la vida eterna, tenemos que permanecer en Cristo y andar en esas buenas obras, siendo fieles hasta la muerte.

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