El desierto

El desierto aparece continuamente en la Escritura como un lugar para crecer y conocer al Señor en la intimidad; sin embargo, es también donde hay continuas pruebas y tentaciones con las que Dios revela lo que hay en el corazón del hombre que lo atraviesa.

01. Si no te corriges, serás un desierto.

Todo hombre debe ir al desierto para aprender, bien porque esté en pecado y deba corregir su caminar (el pueblo de Israel en el desierto) o porque no lo esté (Lucas 4:1-13) y deba aprender a depender de Dios y crecer en la prueba. Si lo que el Señor encuentra es maldad, entonces quitará a su Espíritu, quien vivifica al hombre, para dejar a este hombre convertido en un desierto.                                                                                      

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02. Debes aprender a vivir y corregirte en el desierto

Cuando Dios lleva a un hombre al desierto para que se arrepienta de su pecado, su objetivo es ver que haya arrepentimiento genuino en medio de la prueba. Agar, la sierva de Sara, es un ejemplo de ello, pues tuvo que ir al desierto (Génesis 21:14-21) por tratarla descomedidamente, de lo que Dios no se agradó; al no querer corregirse, se quedó en el desierto y allí murió.                                            

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03. Debes cruzar el desierto en santidad para llegar a Dios

Para llegar al monte de Dios, primero hay que cruzar el desierto y salir vivos de allí, pues el objetivo de estar en el desierto es aprender la lección y enderezar el caminar: dejar de pecar y mantener una vida justa. El deseo de Dios es, entonces, que convirtamos el paso por el desierto en una fiesta (Salmo 84:6) y en la oportunidad de servir a Dios con más esfuerzo, pese a la prueba y vivir en el Espíritu, pero esa es una decisión de cada hombre.

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04. Si eres fiel a Dios, no morirás en el desierto

¿Serían los hombres capaces de caminar rectamente y no olvidarse de Dios sin que Él les enviara pruebas? En Jeremías 2, el Señor trae a memoria de Israel cómo fue fiel en el desierto en su juventud, lo que nos demuestra que la prueba puede ser un medio para desarrollar santidad, ser fieles a Dios, dar testimonio y vivir delante de Él para ver su gloria.

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05. En el desierto puedes vencer si el Espíritu Santo mora en ti

Dios nos asegura la victoria frente a cada prueba y tentación que Él mismo permite (aunque no sea Él quien tiente a los hombres), pero para vencer hay que tener dentro de nosotros su Santo Espíritu, quien nos guarda de pecar, para que sea reconocido que es Dios quien pelea por sus hijos, si ellos permanecen fieles a Él, en santidad (Lucas 4:14).

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06. El desierto es para que madures y no vuelvas atrás

Israel divagaba en el desierto porque reprobaba continuamente cuando Dios probaba su corazón, aunque el plan de Dios era hacerlos madurar. El hombre que está en pecado debería aprender su lección en el desierto y no seguir reprobando, sino crecer para dejar de ser un niño espiritual (1 Corintios 10:1-11; 13:11).                                              

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07. Si eres espiritual, sobrevivirás al desierto

Si eres espíritu, nacido del Espíritu (Juan 3: 6), aborrecerás el mal, inclusive en el desierto; el que es espiritual procura la vida de Cristo, no importa lo que el mar da el paso alrededor de lo que se recia que el mar la prueba, como Josué (Números 14:22) o Daniel (Daniel 6: 16-24), quienes servían continuamente a Dios y Él les guardó, aún en medio de su desierto.                                                                           

 

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08. Dios te lleva al desierto para salvarte

Números 24 nos demuestra que el Señor estaba con Israel en el desierto y ni siquiera un falso profeta como Balaam podía proferir maldición sobre ellos, pues Dios había decidido bendecirlos; aun así, Israel no podía ver el desierto más que como un sepulcro, ni podía ver a Dios u obedecerle, aunque Él los había llevado allí para formarlos y llevarlos a la tierra prometida.                                               

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09. En el desierto debes escuchar y obedecer a Dios

Dios espera obediencia de su pueblo en medio de las pruebas para salvarlo, además en el desierto Dios habla, enseña y provee. Si incluso atravesando el desierto, le obedeces y te mantienes en Cristo Jesús, no andando conforme a la carne, sino conforme al Espíritu (Romanos 8:1), Dios te salvará, pero también castigará al desobediente con la muerte eterna.                                          

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